Maquinita de coser

La verdad es que hoy estoy bastante triste  y necesitaba descargar sentimientos y emociones y qué mejor forma que enfocarlo a escribir en el blog sobre esa persona tan especial que está pasando por un momento duro, mi abuela.

He tenido la suerte de criarme en un hogar joven en el que he disfrutado de mis padres y abuelos, y a los que pude darles pronto su primer bisnieto, aunque en el caso de mis abuelos maternos, somos una gran familia de 5 hijos, 9 nietos y 5 bisnietos. Hoy en día es complicado encontrar familias como la nuestra en la que además, las nuevas tecnologías nos ayudan a mantenernos en contacto a diario.

El caso es que hoy nos han dado una mala noticia sobre el estado de salud de mi abuela. Estamos todos deseando ir a visitarla pero aún así, seguro que no son momentos tristes, sino todo lo contrario, porque ella siempre nos hace reír. Ella nos enseñaba a jugar al chinchón en verano, y además es la costurera de la familia… y sí, eso es lo que he pensado cuando he empezado a escribir esto. Si pienso en mi abuela, en qué es lo que la describe, recuerdo su maquinita de coser.

Un año teníamos unas cortinas, y al año siguiente eran un mantel o un vestido de cualquiera de nosotras, siempre reutilizando telas y patrones. Así eran sus tardes mientras pasábamos los veranos con ella. Incluso una vez, le regalé un reloj cuyas agujas eran una tijera y una aguja hilvanada con el hilo.

El caso es que he pensado aunque pensar sea raro en mí, (lo siento tenía que ponerle un toque de humor) que seguro que encontraba en internet alguna máquina de coser como la que utiliza mi “yaya” como la llamamos cariñosamente, y lo que me he encontrado es un escaparate en Nothing Hill que destaca porque sólo tiene máquinas de coser. Realmente son unos famosos almacenes de moda. Os dejo una foto para que podáis verlo, yo pienso visitarlo en mi próximo viaje y ojalá mi yaya pueda acompañarme. Seguro que sí, ella es fuerte y luchadora como yo.

Escaparate maquina de coser
AllStaints Spitalfields – Nothing Hill

Bueno, creo que he conseguido mi objetivo, recordar buenos momentos con la yaya y evadirme de la tristeza, así que sólo puedo agradeceros que sigáis leyendo nuestro blog.

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